El último viaje (martín Ramos)
Me enterré en el subsuelo donde las palabras pulverizan los huesos.
Y lo peor, es que jugué a jugar el juego del lenguaje de los mármoles que reverberan las rosas dejadas.
Justo el día en que la acompañé en su último viaje.
A Beatriz Margarita
La leyenda de la paloma (mejor relato)
Había una vez un soldado valiente y muy bonito. Le gustaba cazar casi todos los días en los bosques. En una de sus cacerías caminó tanto que llegó a un lago, vió a una hermosa mujer que remaba en un bote.
El soldado se enamoró de ella y por eso iba todos los días a verla, por ese motivo fue a pedirle a su ángel que descendió del cielo y que le dijo:
-No la vas a ver más, a menos que quieras transformarte en palomo.
-!solo la quiero ver otra vez!, dijo él
-si te convertís en palomo no vas a ser nunca más un hombre.
-!solo quiero verla!, dijo él
-si ese es tu deseo, se hará realidad,
Entonces el ángel le hincó en su brazo derecho una espina y en ese momento se convirtió en palomo y se fue volando, muy rápido a verla al lago, y se posó escondido en una rama. Cuando vio a su amada, fue al bote a hacerle muchos mimos.
Entonces la hermosa mujer lo agarró entre sus manos y vió la espina, se la quitó pero el palomo le indicaba que no con su ala izquierda, pero la chica no entendió la señal y pensó que esto le dolía al palomo. En ese momento el palomo cayó muerto.
Al hacer esto, la mujer llorando se clavó la misma espina en su brazo y automáticamente se convirtió en paloma. Desde ese día la blanca y hermosa paloma, llora la muerte de su palomo enamorado.
Relato escrito por las alumnas:
Erica Aracapi
Gilda Blanco.
De 4to año de la Escuela Secundaria nº 28 de Wilde.
Materia: Literatura, profesor: Martín Ramos. Mejor Relato sobre Leyenda. !Felicitaciones!
Perfecta Palabra (Martín Ramos)
Y si me diesen la posibilidad de engendrarme a mí mismo,
el abismo que entre ellos y mi pálida y subyugada noche separa.
Entonces digo.
Que me sería dada por suprema justicia, la palabra exacta
pero huérfana
para mitigar la amarga sensación de estar muerto.
Pero cómo.
El lenguaje no encuentra el verbo,
y posa su mirada en un glaciar de margaritas negras.
Cantora Nocturna - Alejandra Pizarnik
CANTORA NOCTURNA
Joe, macht die Musik von damals nacht...
La que murió de su vestido azul está cantando.
Canta imbuida de muerte al sol de su ebriedad.
Adentro de su canción hay un vestido azul, hay
un caballo blanco, hay un corazón verde tatuado
con los ecos de los latidos de su corazón
muerto.
Expuesta a todas las perdiciones, ella
canta junto a una niña extraviada que es ella:
su amuleto de la buena suerte. Y a pesar de la
niebla verde en los labios y del frío gris en los
ojos, su voz corroe la distancia que se abre entre
la sed y la mano que busca el vaso.
Ella canta.
Devoción
Debajo
de un árbol, frente a la casa, veíase una mesa y sentadas a ella, la muerte y
la niña tomaban el té. Una muñeca estaba sentada entre ellas, indeciblemente
hermosa, y la muerte y la niña la miraban más que al crepúsculo, a la vez que hablaban
por encima de ella.
-Toma
un poco de vino- dijo la muerte.
La niña
dirigió una mirada a su alrededor, sin ver, sobre la mesa, otra cosa que el té.
-No veo
que haya vino- dijo.
-Es que
no hay- contestó la muerte.
-¿Y por
qué me dijo usted que había?- dijo.
-Nunca
dije que hubiera sino que tomes- dijo la muerte.
-Pues
entonces ha cometido usted una incorrección al ofrecérmelo- respondió la niña
muy enojada.
-Soy
huérfana. Nadie se ocupó de darme una educación esmerada- se disculpó la
muerte.
La
muñeca abrió los ojos.
Alejandra
Pizarnik
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